En los últimos años se ha vuelto tendencia el hecho de inyectarse medicamentos para bajar de peso; sin embargo, existe una diferencia importante entre utilizarlos como tratamiento médico para la obesidad y utilizarlos simplemente para bajar unos kilos por estética.

Los medicamentos que más se han popularizado pertenecen principalmente al grupo de los agonistas del GLP-1, como la semaglutida (Wegovy; también conocida como Ozempic en otra indicación) y la tirzepatida (Zepbound; Mounjaro para diabetes). La OMS reconoce que pueden ser eficaces para tratar la obesidad, pero recomienda que sean prescritos por un profesional después de evaluar al paciente.

¿Cómo funcionan?

No son simplemente una inyección que «quema grasa».

Estos medicamentos imitan hormonas que intervienen en el control del apetito. Disminuyen el hambre, aumentan la sensación de saciedad y retrasan el vaciamiento del estómago, por lo que la persona suele comer menos. La tirzepatida actúa sobre dos vías hormonales, GLP-1 y GIP.

¿Cuáles son sus beneficios?

1. Pueden producir una pérdida de peso importante.

Los resultados dependen del medicamento y de la persona. En general, los medicamentos para el control del peso pueden producir una pérdida adicional de peso cuando se combinan con alimentación saludable y actividad física. Algunos estudios han encontrado que más de la mitad de los participantes pierde al menos 10 % de su peso inicial con determinados medicamentos.

2. Disminuyen el apetito.

Para algunas personas, uno de los mayores beneficios es precisamente dejar de sentir hambre constantemente o tener menos deseo de comer.

3. Pueden mejorar determinados indicadores de salud.

Una pérdida de entre 5 % y 10 % del peso corporal puede ayudar a mejorar la glucosa, la presión arterial y los triglicéridos. Además, la pérdida de peso puede favorecer problemas relacionados con la obesidad, como la apnea del sueño y el dolor articular.

4. Algunos tienen beneficios cardiovasculares y metabólicos.

La OMS señala que determinados tratamientos con GLP-1 han mostrado beneficios sobre eventos cardiovasculares y reducción del riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, además de otros resultados metabólicos.

Pero aquí está la parte que muchas veces se omite en redes sociales: los riesgos

El hecho de que sean medicamentos eficaces no significa que sean inocuos.

Los efectos secundarios más frecuentes son:

Náuseas.

Vómitos.

Diarrea.

Estreñimiento.

Dolor o molestias gastrointestinales.

Sensación de llenura excesiva.

La OMS también señala que se han asociado estos medicamentos con problemas gastrointestinales más serios, como enfermedad biliar, pancreatitis, obstrucción intestinal y gastroparesia, aunque algunos de estos riesgos continúan siendo estudiados.

También existen contraindicaciones específicas. Por ejemplo, semaglutida y tirzepatida no deben utilizarse en determinadas personas con antecedentes personales o familiares de carcinoma medular de tiroides o síndrome de neoplasia endocrina múltiple tipo 2. La evaluación médica es fundamental.

¿Y qué pasa cuando la persona deja de inyectarse?

Este es otro punto muy importante. No necesariamente se mantiene todo el peso perdido. El NIDDK advierte que probablemente se recupere parte del peso después de suspender el medicamento. Por eso, en personas que realmente necesitan tratamiento, puede tratarse de una terapia de largo plazo, no de unas pocas inyecciones para «ponerse en forma».

Además, si la persona pierde mucho peso comiendo muy poco y no mantiene una alimentación adecuada ni entrenamiento de fuerza, puede perder masa muscular además de grasa. Por eso el tratamiento no debería reducirse a «me pongo la inyección y ya».

¿Quién debería utilizarlos?

No están pensados para cualquier persona que quiera perder 5 o 10 libras.

Como referencia, el NIDDK señala que los medicamentos para controlar el peso pueden considerarse en adultos con IMC de 30 o más, o con IMC de 27 o más cuando existen problemas de salud relacionados con el peso, como hipertensión o diabetes tipo 2. La decisión debe individualizarse.

Y hay algo especialmente importante: no deben utilizarse durante el embarazo. Las recomendaciones de la OMS sobre GLP-1 para obesidad excluyen expresamente a las embarazadas porque estos medicamentos no han sido estudiados adecuadamente en esta población.

Lo que más me preocuparía de la tendencia de las redes sociales

El problema no es que existan estos medicamentos. Son medicamentos reales y pueden ser muy útiles cuando están bien indicados.

El problema es convertirlos en una especie de producto de belleza.

Hay personas que los consiguen sin una evaluación médica adecuada, utilizan dosis que no les corresponden, los compran en fuentes dudosas o combinan diferentes productos para adelgazar. Eso puede ser peligroso.

El NIDDK recomienda obtenerlos mediante una farmacia o distribuidor autorizado y no combinarlos con otros productos para bajar de peso salvo que un profesional lo indique.